sábado, 3 de diciembre de 2011


Mi nombre es Silvana y soy una persona común y corriente que suele  sufrir leves dolores de cabeza en cualquier situación de estrés o aburrimiento. Estudié enfermería en una universidad de Lambayeque, Perú, pero también me dedico a hacer otras cosas más o menos productivas dependiendo del ánimo, el color o las circunstancias.

Hace un par de años terminé mi carrera y ni bien recibí la colegiatura empaqué mis únicos tiliches y viajé a NY para hacerla de Au pair (es algo de lo que hablaré después). Con lo que no contaba era que al estar más de un año fuera del país y de todo lo relacionado con mi carrera los no escasos, no abundantes conocimientos que había adquirido a lo largo de los cinco años de estudiante de enfermería, se habían debilitado, habían palidecido y enfermado en extremo. Hasta pensé ¿Habré perdido la memoria? ¿Alzheimer juvenil?

El caso es que regresé a Chiclayo y no fue sorpresa, pues ya lo sabía hace mucho, enterarme que las inscripciones al serums eran prontas y para hacerlo debía rendir un examen, pagar esto, aquello, bla, bla… Hasta que llegó el día de la adjudicación de plazas. Para ser sincera, mi teoría era que si me iban a refundir en lo profundo de la sierra peruana no debería ser en el mismo Chiclayo sino escoger una ciudad que permita, en cierta manera, cambiar mi percepción de lo que creía era el Perú, es decir de mi pueblo. ¿Me dejo entender? Si me iba a ir lejos, que fuera BIEN lejos. Hubo plazas en Piura, Amazonas, Tumbes y Cajamarca. Me decidí por esta última. Cuando pronunciaron mi nombre indicando que era mi turno de elegir la plaza, dije mentalmente bueno aquí vamos, mientras caminaba hacia el estrado con una elegancia que sabía iba a olvidar y mi cerebro licuaba y emitía en su interior un ruido como de licuadora. Puesto de Salud Huayllagual, distrito de Asunción, departamento de Cajamarca.

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