viernes, 30 de diciembre de 2011

Winnie the cat


Ya varios post y no les he hablado de Winnie... qué mal!
Winnie, como ven, es un gatito. De hecho es una gata de actualmente 5 meses que desde el mes de Julio convive con nosotros en Huayllagual.
El motivo principal de traerla fue porque de un momento a otro y sin saber cómo, nos llenamos de ratones. Doris lo presentía, yo la verdad no me había dado cuenta, pero todo inició un día X, y como siempre, en la cocina.
Eran al rededor de las 8 de la noche, Doris y yo cenábamos con la tranquilidad y el apetito de siempre, cuando de pronto un ruido irrumpió el constante silencio en el que vivimos. Cruuunch...cruuunch.... sonaba detrás de la alacena, como si alguien arrugara con manos grandes una bolsa pequeña, o una gran bolsa con unas manitas chiquitas (de hecho era esto último). Doris la lanzó: UNA RATA, dijo, con miedo pero con seguridad. Yo traté de tranquilizarla alegando que no había escuchado nada, hasta que un segundo ruido nos erizó los pelitos de los brazos con bastante rapidez. Crunch!... un ruido rápido pero no exento de horror. Entonces lo vimos: un ratón pequeño salió por detrás de la alacena, cerca de las papas, y raudamente caminó hacia la cocina. El caos se apoderó instantáneamente de nosotras que gritamos y salimos corriendo al pasadizo como almas que lleva el diablo. Afortunadamente Don Lucho, el técnico estaba presente entonces lo llamamos para que nos socorriera en tan temido asunto. Se encerró en la cocina con una escoba por arma y en más o menos unos 10 minutos había acabado con el roedor (que resulto una señora ratona) y con su cachorrito. En ese momento decidimos que era necesario cortar de raíz con ese problema y reforzamos nuestra decisión con el hecho de que los dás consiguientes tuvimos varios sustos pues la posta estaba invadida de ratones.
Es así como Winnie llegó a Huayllagual, era una bebé, no sabía ni lamerse las patas por eso Doris tenía que encargarse de su alimentación con una jeringa cargada de leche. Poco a poco comenzó a abrirse camino y ahora es una bella y joven gata. De hecho, es traviesa y bastante chocha debido a nuestros cuidados extremos. Hay un montón de anécdotas con Winnie, es tremenda. Don Lucho nos ha regañado varias veces por su culpa, incluso ha insistido en que la retiremos del puesto de salud aludiendo que no es lugar para criar un gato, pero tampoco podíamos exponernos a convivir con ratas y ratones todo el tiempo ya que estos estaban acabando con nuestros alimentos y con los del PRONAA, hecho que en verdad nos enfureció. Esa era nuestra vida Antes de Winnie. Ahora, con ella, de los ratones ni el saludo ni el estornudo.





lunes, 26 de diciembre de 2011

Queti


Queti es una perrita cocker spanish que reside en el caserío de Huayllagual. La primera vez que la vi fue un día que decidí salir a lavar los platos en el noque de agua que está afuera de la posta, unos de los últimos días del mes de Mayo, un día bastante agradable por cierto, sin lluvia fuerte y con un sol moderado, un sol que guiñaba el ojo como diciendo no te preocupes hijita, continúa con tu labor que yo te alumbro. Había quedado un poco de comida sobrante en la olla asi que decidí dársela a aquella inocente perrita de ojos color miel que me miraba con tantas ansias o hambre y que me conmovió tanto la bullita del corazón. Queti comió todo en un segundo y medio, es una devoradora de las grandes ligas, y además es dificilísimo que se satisfaga así que la ración para ella debe ser bastante generosa.
Queti en realidad no se llama Queti, su nombre es Kiara, un nombre que no me gusta para nada para una perrita porque mas bien parece nombre de bailarina de tubo, con el respeto de las bailarinas de tubo que nada de malo tienen sino que al contrario brindan un momento de sano esparcimiento a los seres de sexo masculino de nuestra especie, pero creo que Queti es un nombre más apropiado para una perrita de la montaña. El nombre surgió un día a la hora del almuerzo, cuando Doris y yo nos disponíamos a degustar unos deliciosos spaguettis a lo alfredo con papas doradas, mientras la traviesa Winnie, que era aún una minina, una bebé gatuna, merodeaba entre nosotras y de cuando en cuando nos mordía las manos sin  piedad. Queti, aún sin nombre, vino hasta nuestra cocina para esperar por su ración diaria, sin contar con que ese día Winnie se sentía más capaz, más segura de acercarse a ella y por qué no intentar una amistad que lejos de ser perdurable, almenos podría hacer más divertidas las tardes de ambas. Entonces Winnie se acercaba una y otra vez a la perrita, le arañaba las manitas, las orejas, saltaba en su espalda ya super confiada, hasta que la cachorrita bastante molesta y adornada con un ligero gruñido, tomo entre sus garras a Winnie rapidamente acercándola sin asco a sus hambrientas fauces. Felizmente Doris actuó rápido quitándosela de un tirón y salvándola de tan desafortunada muerte. Primero fue el susto pero después nos dio mucha risa y se nos ocurrió que Winnie le preguntaba a la perrita hola, me llamo Winnie, y tú? y ella respondía Queti...quetimportaaaaaaaaaaa!!!! Desde entonces quedó bautizada como Queti, y al parecer le gusta, porque aprendió rápido su nombre y lo entiende a la perfección.


viernes, 23 de diciembre de 2011

Feliz navidad



Me pasé los últimos dos meses pensando (aunque ni tanto) en que pasaría la Navidad en las alturas de Huayllagual, rodeada de frío y niebla, pero con la mejor disposición del mundo, aunque no lo crean, de pasar una navidad llamémosla lectora o literaria, pues había planeado pasármela leyendo algunos capítulos de unos cuantos buenos libros. Camilo José Cela, Antonio Cisneros y Adolfo Bioy Casares eran unos de los tantos que habían decidido acompañarme en ese venturoso pero pronosticadamente solitario día, sin olvidarme del gracioso Richi Palma que, entre broma y broma, prometió una jocosa velada.

Pero como se suele decir, uno nunca sabe y a veces el pan en la puerta del horno se nos quema, puesto que para sorpresa mía y de mi familia, voy a pasar Navidad en casa, y no tengo que agradecerlo más que a mi doctor, quien reprogramó una cirugía que tenía pendiente para el 15 de Diciembre y no para el 28 como estaba estipulado ya meses atrás y razón que me ataba de cabo a rabo a la enhiesta y pálida navidad Huayllagualina. Ahora, aunque convaleciente, pasaré las navidades con la familia, con los obsequios, el pavo, etc, aunque ni en el fondo ni en la forma sea partícipe del espíritu navideño al cual se le hace tanta propaganda desde que se le inventó.

No se crean que ando tan tranquila. El ausentarme de honorable condición de serumista es un hierro caliente que cala duro en el modo que descontinua mi labor y hace que mi frágil cerebro olvide ciertas rutinas que tanto me había costado memorizar. Vaya, tengo una memoria bipolar, a veces frágil y otras potente.
Para el día 3 de enero estaré regresando a Huayllagual, mientras tanto, y ya que estoy en medio de la mole de energía eléctrica que rodea a Chiclayo, aprovecharé para ir contándoles algunas anécdotas en la montaña.
Buena suerte y buenas vibras, que siempre hacen falta!

martes, 13 de diciembre de 2011

En qué me quedé?





Y bueno.
Han pasado ya siete meses desde que el famoso Serums 2011 comenzó. Estamos a fin de año y las cosas que han pasado a lo largo de este tiempillo han sido bastante radicales por no llamarles salvajes.

El caserío en el que vivo se llama Huayllagual. Está ubicado a 3,220 msnm en el distrito de Asunción, provincia de Cajamarca. Realmente es un lugar bastante retirado de lo que llamamos comunmente civilización, no hay ni tiendas, ni telefonos ni nada que pueda hacerte pensar que sigues viviendo el mismo estilo de vida al que estabas acostumbrado. De hecho, Huayllagual es una cachetada a la cotidianeidad de la ciudad, paradojicamente. Y les diré por qué.

Pensar en la sierra peruana o de cualquier otro país, creo yo, nos trae ideas de verdísimos paisajes recargados de enormes eucaliptos que nos saludan con las narices colgando, con los pulmones inundando la vasta extensión del paisaje coronado por figurillas que, distantes, dibujan las siluetas de serenos campesinos. Almenos yo raramente traté alguna vez de imaginarme o predecir lo que serían las actividades recreativas de los campesinos, o almenos sus actividades cotidianas, sus preocupaciones, su manera de perder el tiempo. Esta vez ya no tengo muchas dudas, mas aún muchas cosas por conocer.

Básicamente dos cosas: Los hombres, el fútbol (para variar)
Las mujeres, tejer.

Ok, acabamos de mencionar las actividades de ocio.
Las siguientes son las principales, es decir las económicas.

Hombres: Arar el campo.
Mujeres: Llevar a los animales a comer pasto.(Pastar? Pastear?)

La mujer se lleva la peor parte creo yo. Porque aparte de llevar a los animales tempranísimo a comer, tiene que cuidar a los hijos, quienes se convierten en compañeros de este oficio. Los resultados son predecibles: niños descuidados y desnutridos.

Bueno agreguemos también que sólo algunas viviendas cuentan con luz eléctrica. Paradójicamente, el puesto de salud en el que trabajo (el único de Huayllagual), no cuenta con luz eléctrica, así que las posibilidades de entretenimiento son limitadas.

No, no me molesta.

Es por eso que opino que para los que se llenan la boca hablando de la rutina de la ciudad, pues he aquí el colmo. Se imaginan que escapar al campo les hará cambiar de aires. Pues yo mas bien creo que si quieres huir de tus problemas, con ir al campo sólo lograrás pensar más en ellos. Ve a él cuando mas bien quieras concentrarte en algo en particular.

En fn, cosas así.

sábado, 3 de diciembre de 2011


Mi nombre es Silvana y soy una persona común y corriente que suele  sufrir leves dolores de cabeza en cualquier situación de estrés o aburrimiento. Estudié enfermería en una universidad de Lambayeque, Perú, pero también me dedico a hacer otras cosas más o menos productivas dependiendo del ánimo, el color o las circunstancias.

Hace un par de años terminé mi carrera y ni bien recibí la colegiatura empaqué mis únicos tiliches y viajé a NY para hacerla de Au pair (es algo de lo que hablaré después). Con lo que no contaba era que al estar más de un año fuera del país y de todo lo relacionado con mi carrera los no escasos, no abundantes conocimientos que había adquirido a lo largo de los cinco años de estudiante de enfermería, se habían debilitado, habían palidecido y enfermado en extremo. Hasta pensé ¿Habré perdido la memoria? ¿Alzheimer juvenil?

El caso es que regresé a Chiclayo y no fue sorpresa, pues ya lo sabía hace mucho, enterarme que las inscripciones al serums eran prontas y para hacerlo debía rendir un examen, pagar esto, aquello, bla, bla… Hasta que llegó el día de la adjudicación de plazas. Para ser sincera, mi teoría era que si me iban a refundir en lo profundo de la sierra peruana no debería ser en el mismo Chiclayo sino escoger una ciudad que permita, en cierta manera, cambiar mi percepción de lo que creía era el Perú, es decir de mi pueblo. ¿Me dejo entender? Si me iba a ir lejos, que fuera BIEN lejos. Hubo plazas en Piura, Amazonas, Tumbes y Cajamarca. Me decidí por esta última. Cuando pronunciaron mi nombre indicando que era mi turno de elegir la plaza, dije mentalmente bueno aquí vamos, mientras caminaba hacia el estrado con una elegancia que sabía iba a olvidar y mi cerebro licuaba y emitía en su interior un ruido como de licuadora. Puesto de Salud Huayllagual, distrito de Asunción, departamento de Cajamarca.

jueves, 13 de octubre de 2011

Y vaya....





Y vaya... Me tarde más de 6 meses para crear este blog. 
Hace 6 meses (específicamente el 5 de mayo del 2011) que comenzó el serums para todos los egresados de carreras afines al sector Salud. Yo fui una de esas personas. Básicamente, egresas de tu carrera, das un examen, escoges tu plaza y sin darte cuenta ya estás instalada en lo que será tu hogar los próximos 365 días y, sin ir más lejos, lo que podría convertirse en la mejor experiencia de tu vida o el pozo ciego más profundo en el que puedas caer. Señores, hay de todo para todos. 
Con ustedes, yo Serumista.