Oh Dios, este blog parece más de Winnie que de la serumista, pero bueno, aquí les va esta historia.
Era verano en la sierra y
el sol, aunque nunca incandescente, tostaba sin clemencia las puntas de las
hojas verdes que se asomaban de la tierra. Recuerdo que nos habíamos ausentado
del Puesto debido a una capacitación en Magdalena y ahora regresábamos con fuerza
para trabajar en nuestra querida jalca. Doris había llevado consigo a Winnie a
Cajamarca para que permanezca en su casa en lo que duraba la reunión en
Magdalena, así nos asegurábamos que Winnie reciba su dieta de ese entonces:
Ricocat versión Gatitos (para gatos de 0 a 6 meses) y un bolcito de leche
fresca sin lactosa. Era setiembre por lo que Winnie sólo tenía 2 meses así que
teníamos que cerciorarnos que su nutrición sea óptima para poder convertirse en
la mejor cazadora de ratas del caserío (ahora lo hemos comprobado: es la mejor
cazadora, pero de sapos y moscos).
El hecho es que Doris
regresó con Winnie, yo lo hice por mi cuenta y nos encontramos en Huayllagual.
Al día siguiente de nuestro ansiado retorno uno de nuestros pacientes nos
recibió con un agradable regalito: una botella de litro y medio de leche de
vaca recién sacada de la teta. Uyyy! No saben! Esa leche olía como a néctar de
los dioses, espesita, con la nata del grosor perfecto. Lamentablemente Doris es
re-intolerante a la lactosa, y sólo una probadita del arroz con leche que hice
la mandó al baño al instante. A mí no me cayó tan mal, pero sentí un ligero
remezón en los intestinos, nada fatal. Quien se llevó la peor parte fue Winnie.
Le calentamos un poquito de leche por la
noche para que duerma tranquila.
Al día siguiente nos
despertamos como siempre un poquito tarde (era domingo) y nos dispusimos a
atender algunos pacientes que habían llegado. Todo marchaba bien a excepción
que Winnie lucía algo decaída, no estaba como es habitual en ella mordiéndonos
las manos ni saltando sobre los escritorios. Fuimos a verla y seguía durmiendo
sobre su cama, de hecho nos percatamos que no se había levantado para tomar el
desayuno. Allí, al verla, descubrimos que unos pasos más allá de su cama había un
residuo regular de vómito lo cual nos alertó sobre una probable infección
intestinal. Yo nunca tuve gatos y a Doris nunca se le enfermó ninguno ¿Cómo
saber entonces qué medicamento darle a Winnie la enferma? No tuvimos otra
opción que llamar al doctor Willie, en ese entonces médico del centro de salud
de magdalena, quien rápidamente contestó y nos sugirió el siguiente
tratamiento:
- ¼ de tableta de sulfametoxazol 400mg + trimetoprim 60mg (más conocido como Bactrim, antibiótico que usamos cuando se nos “afloja”)
- ¼ de ampolla de dexametasona 4mg/2ml IM
- ¼ de ampolla de metoclopramida 10mg/2ml IM (no recuerdo la concentración)
Antes de colgar le
advertí al doctor Willie que si su tratamiento conducía a la muerte a la
pequeña Winnie, tendría por seguro que lo denunciaría al programa Laura en América.
En fin, metoclopramida no
le íbamos a dar por razones que en algún otro capítulo les contaré. Lo primero
que hicimos fue darle un trocito minúsculo de Bactrim. Créanme, acto seguido
Winnie tenía la boca repleta de una saliva espesa y comenzó a vomitar con mayor
potencia. Definitivamente algo andaba mal con el Bactrim. De pronto Doris
encuentra en su lista de contactos del celular el número de un veterinario que
le había practicado eutanasia a una perrita suya lastimosamente enferma, y pues
lo llamamos para preguntarle por el tratamiento de Winnie. Le comentamos del
Bactrim y ¿qué creen que dijo?
¡NOOOO! ¡BACTRIM CAUSA NECROSIS HEPÁTICA EN GATOS!
Doris entró en shock, yo
la tranquilizaba pero era evidente que habíamos metido las cuatro patas. El
veterinario nos dijo que en lo posible hagamos que vomite y nos indicó otro
antibiótico que sí lograría una mejora en la gata a quien dimos agua con una
jeringa para que vomite más y luego su nuevo tratamiento.
Winnie se mejoró en dos
días, pero a consecuencia de su fatal primer tratamiento tuvo el hígado débil
por varios meses. Afortunadamente mi cholita es fuerte como un roble.
A quien no le va a ir
nada bien es al doctor Willie, quien tiene una cita pendiente con la señorita
Laura, un día en el que Doris, Winnie y yo presentemos nuestra justa queja, y
nuestra desquiciada conductora lo anuncie con un:
¡Que pase el desgraciado!
